Si el primero de enero del año 2000 nos cayera ahora, la llegada de un nuevo milenio dejaría el sabor del caos en nuestras vidas...
 

Se abre la oferta

Avances en Venezuela

 

El primer impacto podría ser la pérdida del servicio eléctrico. Sólo basta pensar un instante en las implicaciones de un largo apagón: el metro no funciona, las válvulas de bombeo de agua se detienen en los edificios y la noche haría de la capital un lugar aterrador.

Pero eso sólo puede ser la antesala a una crisis total causada por sistemas bancarios que no operan, vuelos aéreos detenidos por paralización de radares. Y es que, ¿sabemos cuántas cosas a nuestro alrededor funcionan gracias a un procesador y sistema de órdenes operativas?: semáforos, ascensores, computadores, redes, mainframes, plantas de generación eléctrica, centrales telefónicas, y pare de contar.

En nuestro mercado, para no decir en nuestra sociedad, la incapacidad de los artefactos de cómputo para asumir los cuatro dígitos del 2000 se muestra a la luz de los sistemas operativos y procesadores de los centros de informática.

En cristiano, los sistemas almacenan la fecha en tres campos de dos dígitos cada uno. Así, el primero de agosto de 1997 queda registrado como 01/08/97, o 08/01/97. Si se estuviera en el próximo siglo, estos sistemas almacenarían la fecha como 08/01/00.

Ahora bien, en otro esfuerzo de imaginación, pensemos un día del 2001 en la dependencia de recursos humanos del cualquier organismo oficial. Un operador, a la hora de estimar los pagos de personal en los últimos cinco años, esperaría una tabla de indicadores descendente con los años 01, 00, 99, 98, 97, etcétera. Pues no. Lo más seguro es que el sistema asuma los campos 00 y 01 como relacionados a los años 1900 y 1901. De tal forma que los indicadores serían: 99, 98, 97, 01 y 00. Vale pensar el impacto de esta anomalía en sistemas de cálculo de prestaciones sociales, tasas de interés, o pagos en líneas de crédito.

Por otra parte, en la construcción de muchos sistemas se le ha dado al número 99, o la serie 999999, la connotación de "fin de operaciones". Así que a partir del 9 de septiembre de 1999 (09/09/99) muchos códigos pueden activar la orden de cesar su funcionamiento. Y este es un riesgo que corre desde una base de datos, hasta la unidad de control de suministro de una planta de energía.

Asunto de costos

Este síndrome, que para los sistemas significa el año 2000, se origina en la década de los 60, cuando los altos costos de memoria RAM y sistemas de almacenamiento generaron en abreviación de fechas, al desarrollar programas una alternativa de abaratamiento. Para aquel entonces, cada megabyte de memoria en el disco duro de un mainframe costaba más de 10 mil dólares. Dependiendo del negocio y las aplicaciones, entre 3 y 6 por ciento de la información almacenada en una base de datos correspondía a fechas, y de haberse usado los cuatro dígitos para la relación de años, se hubiese requerido 33 por ciento más de espacio en disco.

Tal y como lo comenta Alfredo Yépez, gerente de programas de mercadeo en Hewlett-Packard de Venezuela, los programadores de la época jamás imaginaron que el hardware, sistemas operativos, datos generados, interfaz, herramientas y aplicaciones estuviesen corriendo en los albores del nuevo milenio. Un error de visión que se está pagando caro.

Según investigaciones de Gartner Group, en los Estados Unidos una tienda pequeña opera con unos ocho mil programas, y cada uno de ellos con un promedio de mil 500 líneas de código, más los códigos asociados a la data almacenada en memoria, puede requerir hasta 5 millones de dólares para realizar la conversión de sus sistemas.

Se estima que por lo menos 50 por ciento de todas las empresas en el mundo están expuestas al problema. Y sólo 65 por ciento de los cuerpos ejecutivos del sector corporativo mundial están informados sobre el caso, mientras que menos de 40 por ciento está haciendo algo para superarlo. "Pero nosotros creemos que son menos los que tienen un programa serio al respecto", confesó a esta revista Bob Pryce, de Digital Corporation.

El incremento en la demanda de soluciones y la poca disponibilidad de recursos técnicos y profesionales presionarán exponencialmente los precios a medida que se aproxima la fecha tope. Se cree que a finales de 1997, los costos de consultoría y conversión de códigos se dupliquen y para 1998 la conversión de una línea de código cueste por los menos 3 dólares. Así una empresa de servicios telefónicos, de dimensiones similares a la Cantv en Venezuela, debe invertir por lo menos 35 millones de dólares en la conversión de sus sistemas, sin contar las fases de pruebas que acompañan un proyecto de esta naturaleza.

 

Ahora puede ser tarde

Eduardo Santaella, ex director de SAP Andina y actual cabeza de las operaciones de BaaN Company en Latinoamérica, comenta que ya es tarde para muchas empresas de la región que no desarrollan planes de contingencia. "Lo primordial es disponer de una auditoría técnica que establezca cuáles son los componentes del sistema que no cumplen con los requerimientos del año 2000: hardware, compiladores, sistemas operativos, herramientas, interfases y aplicaciones".

Posterior a la auditoría viene el proceso de diseño de una estrategia de adecuación. Esta fase implica un rediseño en la forma de hacer negocios en la empresa. "Es necesario coordinar el proyecto año 2000 con los escenarios de mediano plazo de la empresa, puesto que se trata de una inversión cuantiosa", afirmó Walter Cunto, principal andino del programa de servicios de conversión de IBM.

Alfredo Yépez, de Hewlett-Packard de Venezuela, prevé tres opciones a la hora de planificar cambios. "Una es la estrategia de retrabajo que consiste en modificar los programas y las aplicaciones instalando patches proporcionados por la casa de software, convirtiendo la información para trabajar con las características adicionadas por el patch. Luego está la salida del reemplazo de tecnologías, que consiste en construir un nuevo sistema que cubra las necesidades actuales y futuras de la organización. En tercer término, es posible transferir la responsabilidad de la migración a una empresa externa que conozca el problema".

Cualquier paso que se tome implica la conversión de códigos y la prueba del sistema. Esta última fase absorbe más de 50 por ciento del tiempo para el proyecto. "Todos los programas adaptados deben someterse a pruebas unitarias, de regresión y de integración con el viejo sistema, antes de colocarlas en producción", afirmó Cunto.

Iván Rodríguez, gerente de producto de Digital Equipment de Venezuela, afirmó que un proceso como el anterior consume entre 18 y 24 meses para un feliz término. Por esta razón, en el mercado latinoamericano la salida del cambio radical de tecnología es una salida viable cuando quedan menos de 400 días hábiles para resolver el caso, y la carencia de recursos técnicos y profesionales se hace evidente.

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