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EL SOFTWARE TAMBIÉN ESTA BAJO ATAQUE

Hollywood no es el único que siente la presencia de los piratas en línea. La industria del software también se enfrenta a una amenaza significativa y creciente de los piratas que constantemente les envían mensajes indeseados a los usuarios, en los que ofrecen copias baratas y básicas de programas de software populares, como los productos principales de Adobe, Intuit y Microsoft.

John Wolfe, gerente de investigaciones de Business Software Association, apunta que en su mayoría el correo-e se origina en Europa del Este y enfatiza que, si bien los mensajes indeseados a veces afirman que estas copias son para fines de “copias de seguridad” personal, la práctica claramente viola la ley de derechos de autor. Estos sitios no hacen ningún esfuerzo por verificar que los compradores ya tienen una licencia para el software, y muchos ofrecen trucos que permiten que los compradores eviten la protección de copias del software.

Según las investigaciones de la industria la mayoría de estos sitios han surgido durante los últimos 12 meses. Y aunque las ventas de software ilegal son difíciles de rastrear, Sean Myers, gerente de antipiratería en la Internet de la Software Information and Industry Association, dice que, basado en sus observaciones, las ventas de copias de seguridad falsas se han triplicado durante el pasado año.

La BSA y grupos similares tienen una capacidad muy limitada de confrontar a los piratas extranjeros. Es por eso que, al igual que en el caso de las redes para compartir archivos P2P, el escrutinio pudiera caer en aquellos que compran las copias ilegales de las aplicaciones..

INTERCAMBIO FURTIVO

A pesar de las victorias tan divulgadas de los enemigos de la piratería, el canje ilegal  de música y películas digitales sigue floreciendo en los refugios clandestinos.                        

Por Michael Desmond

¿A dónde se fue toda la actividad ilegal que se desarrollaba en las redes “compañero a compañero”? Al clandestinaje. En ciertos casos a un lugar muy clandestino. Temerosos de las represalias de las grandes compañías del entretenimiento y preocupados por los archivos corruptos y repletos de virus, muchos usuarios se están alejando de las principales redes, como Kazaa y WinMX, para compartir archivos, y ahora compran su música y vídeo a fuentes legales. Es una victoria para Hollywood.

Pero también está muy claro que una gran cantidad de piratas de la música y el vídeo han recurrido a otros métodos para obtener ganancias y se han volcado hacia otras redes “compañero a compañero” (también conocidas como P2P) no tan populares, las Usenet e incluso ciertas redes a las que sólo se puede acceder por invitación.

Según Eric Garland, director general de BigChampagne, firma de investigaciones del mercado especializada en la actividad P2P, “los usuarios están en muchos casos mudándose a otras partes…en lugar de salirse por completo”.

Para combatir las nuevas amenazas, Hollywood ha recurrido a viejos métodos, como nueva legislación, más demandas legales y una mejor tecnología de control de copias.

La firma de investigaciones ComScore Media Metrix afirma que Kazaa, que antes tenía más de 30 millones de usuarios, ahora sólo tiene 16 millones y declara que durante el mes de mayo, los usuarios de WinMX disminuyeron de 6,8 millones a 6 millones.

Sigue el intercambio

¿Se han reformado los usuarios? En realidad, no. Muchos están trasladándose hacia redes P2P más pequeñas, como BitTorrent, EDonkey y EMule. Según ComScore, entre noviembre de 2003 y mayo de 2004 BitTorrent prácticamente duplicó su cantidad de usuarios de unos 200.000 a más de 400.000, mientras que EMule pasó de tener menos de 100.000 usuarios en febrero de 2003 a casi 300.000 un año más tarde. Por último, Garland afirma que EDonkey, que no fue rastreado por ComScore en su encuesta, ha obtenido incluso mayores ganancias.

Si bien la cantidad de usuarios de estas redes no está en la misma escala que el antiguo Napster, es posible que ellas se conviertan en una amenaza más grande para los propietarios de contenido que las anteriores redes P2P. Las tres utilizan una técnica avanzada llamada “swarming” o abarrotamiento, en la que se bajan porciones de archivos desde diferentes fuentes e inmediatamente se ofrecen en la red. Como resultado, las descargas son potencialmente más veloces y el contenido se propaga con más rapidez.

Pero existen otras opciones para el contenido pirateado.

Los grupos de noticias de la Internet, más conocidos por el nombre colectivo de Usenet, ofrecen una vasta reserva de música, películas y software a velocidades de conexión que pueden sobrepasar la de las redes P2P más conocidas.

En el pasado, la dificultad para usar estos grupos, combinada con los límites que imponían los proveedores de servicios de Internet en las transferencias de archivos, había dado al traste con el crecimiento de la piratería en ellos. Pero eso podría cambiar, sobre todo con el surgimiento de un software más fácil de utilizar, como el lector Xnews, que está disponible ampliamente de manera gratis. Gracias a ello, el acceso al contenido en los grupos de noticias sería más fácil que lidiar con los servicios P2P más impredecibles.

Pero aunque los grupos de noticias se conviertan en un lugar más popular para los intercambios ilegales de archivos, por lo general todavía son públicos y, por tanto, fáciles de trazar. Las redes privadas establecidas para el canje de archivos son más difíciles de rastrear y de cuantificar.

“John”, gerente de informática de una firma de servicios financieros del centro del país afirma que él y sus amigos han intercambiado archivos a través de una red virtual privada codificada que prepararon precisamente con ese objetivo. Y cada vez más se están intercambiando música y vídeo cara a cara.

“Si se trata de música, casi siempre es ‘sneakernet’”, asegura John. “Es mucho más fácil darle a alguien una unidad USB y decirle, ‘devuélvemela la próxima semana’. Es fácil canjear a alguien 20 gigas de música por 20 gigas de música”.

¿El camino legal o el desaliento?

La buena noticia para Hollywood es que las severas medidas contra la piratería durante los últimos dos años han persuadido a una cantidad sustancial de personas a optar por la variante legítima. Un informe de Pew Internet Project revela que la cifra de personas que dicen bajar archivos de música ha incrementado de 18 millones en diciembre de 2003 a 23 millones en febrero de 2004, es decir, un 17 por ciento de los que utilizan servicios legales, como ITunes o Musicmatch. Además, los datos de ComScore demuestran que sólo en el mes de marzo los seis servicios principales para comprar música en línea recibieron más de 11 millones de visitas de los usuarios estadounidenses.

Así debería ser, alega Marc Morgenstern, vicepresidente y gerente general de Digital Media Asset Protection Business de Loudeye. Esta compañía vende servicios de protección en línea a las industrias de la música, cinematográfica, de los juegos y de software. Su línea de servicio Overpeer es responsable por algunos de los archivos señuelos que se disfrazan como contenido con derechos de autor en las redes P2P. El objetivo: que compartir archivos sea tan inconveniente que los consumidores paguen por una experiencia más predecible y satisfactoria.

“[La comunidad que se dedica a compartir archivos está] comenzando a percatarse. Si usted entra a las pizarras informativas verá que las personas se frustran cada vez más con esta actividad”, afirma Morgenstern.

Pero si bien es posible que los que se dedican desde hace tiempo a compartir archivos estén frustrados, también es posible que las agresivas campañas antipiratas de Hollywood estén atemorizando a los clientes potenciales de los servicios legales.

El estudio de Pew demuestra que las acciones legales de la Asociación Estadounidense de la Industria Discográfica (RIAA, por sus siglas en inglés) han desalentado a los usuarios primerizos potenciales de los servicios legítimos. El estudio establece que cerca de un 60 por ciento de los que nunca han probado bajar algo de la Internet no quieren ir a ninguna fuente de música descargable, ya sea legal o no, por temor a las demandas legales.

Sin embargo, es posible que las archidivulgadas demandas legales antipiratas no sean la única razón por la que los usuarios se sientan confusos cuando consideren comprar música digital. Quizás es difícil diferenciar a los tipos buenos de los tipos malos. Por ejemplo, algunos servicios musicales legítimos como Wippit de Gran Bretaña, utilizan la misma tecnología básica compañero a compañero que acciona ciertos refugios piratas, como Kazaa, mientras que Allofmp3.com de Rusia, tiene una tienda para bajar música a precios bajos y atractivos, pero sus licencias están basadas en las leyes de derechos de autor rusas, de manera que su contenido puede ser ilegal para los usuarios que no residan en ese país.

Mejora la defensa

A pesar de una caída generalizada en la actividad P2P, la RIAA, la Motion Picture Association of America y la BSA continúan publicando estimados apocalípticos de utilidades perdidas a causa de la piratería en línea y fuera de línea. Por ejemplo, la BSA alega que en el año 2003 fueron instalados en las PC del mundo entero unos US$29 mil millones de programas de software pirateados. La industria de la música culpa en primer lugar a los servicios para compartir archivos y a la piratería musical por las caídas en las ventas en EE.UU., que disminuyeron de US$14.600 millones en el año 2000 a US$11.900 millones en 2003. Y aun más, a medida que la adopción de la banda ancha sigue creciendo a nivel mundial, especialmente en Asia, estos grupos esperan que el problema empeore.

Gracias a una banda ancha ampliamente disponible, los piratas han podido expandirse más allá de la música y otras clases de medios digitales. “El acceso a las películas y a los juegos han aumentado drásticamente”, explica Morgenstern. “Tan pronto como un juego o película es publicado, empieza la carrera por colocarlo en P2P”.

¿Cuál es la respuesta de los grupos antipiratas? Garland, de BigChampagne, señala que por un lado abogan por una legislación más precisa que limite más estrictamente los comportamientos y las tecnologías que puedan incitar a la violación de los derechos de autor.

Y una miríada de estos proyectos de ley ya están en el Congreso estadounidense, entre los que se encuentra el Inducing Infringement of Copyright Act (S 2560), que eficazmente criminalizaría las redes P2P que promuevan el intercambio de material con derechos de autor.

Pero Morgenstern afirma que el esfuerzo legislativo no acabará con el juego del ratón y el gato porque algunos de los fabricantes de software P2P, como EDonkey, están en otros países. Por ejemplo, en el caso de Gnutella, un popular programa P2P de fuente abierta, “no hay un lugar preciso”, dice, es una red superdistribuida. “Es un problema complicado y a nivel mundial. Las redes compañero a compañero no van a desaparecer”.

Es por eso que, aparte de las nuevas leyes, las compañías del entretenimiento y la computación han introducido nuevas tecnologías en el campo de la protección del contenido. Una de las más notables es el próximo software de administración de derechos digitales Windows Media Digital Rights Management 10 de Microsoft, que anteriormente tenía el nombre de código Janus. Aunque su objetivo es facilitar la transferencia segura de contenido desde los servicios de suscripción hacia los reproductores portátiles, es posible que su misión se expanda. Janus coloca un reloj protegido y en tiempo real en los medios digitales que sólo permite la reproducción después de verificar que la licencia es válida. Microsoft cuenta con infinidad de socios y este año se esperan más dispositivos y medios digitales.

Por otro lado, es posible que el software de Microsoft también funcione con otro esquema DRM llamado Advanced Access Content System (AA CS). AACS podrá utilizarse con discos ópticos de nueva generación, como los Blu-ray y los DVD de alta definición o HD-DVD, está en su etapa de desarrollo y debe funcionar con otras tecnologías DRM existentes.

La posibilidad de compartir archivos está aquí para quedarse y las nuevas tecnologías DRM lo reconocen y tienen planes para el futuro. Queda por ver si le darán a los usuarios los derechos suficientes para que compartir archivos no sea más que una pequeña mancha en el mercado de los medios digitales.


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